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Ataque en la granja.

       S e estiró para coger su espada, que guardaba encima del dintel. Su peso le reconfortó, se sintió más seguro. Un leve silbido sonó cuando la desenvainó. Después de muchos combates, el filo seguía estando como el primer día, los herreros del imperio hacían el mejor acero del mundo. Se quedó mirando la hoja durante unos segundos, sumergiéndose en sus líneas, que asemejaban un río fluyendo, ondulaciones que se producían al doblar repetidamente el acero durante el proceso de forja. Se puso en guardia y lanzó una serie de golpes al aire, sin esforzarse mucho, ya que las costillas todavía le molestaban. El ejercicio le desentumeció los músculos y se sintió bien, a pesar del ligero dolor que aún tenía en el tórax; aunque continuaba teniendo la sensación de que algo no estaba donde debería estar.      Un golpe suave sonó en la puerta de entrada. ¿Podía haber sido el viento? Desechó la idea, tenía el pelo de la nuca erizado. Otro golpe suave, ya estaba s...